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lunes, 4 de agosto de 2014

Un poquito de publicidad gratuita: revista cultural Argonautas

Una breve entrada para recomendar esta propuesta editorial online, dedicada a la literatura, la ilustración y el cine, que publica obras de artistas amateurs.

Con entregas bimestrales, en este mes de agosto acaba de salir el nº 2 y contiene varios relatos, poemas e ilustraciones bajo el tema común de los viajes, además de artículos interesantes.

La encontraréis aquí:



O podéis leerla en Isuu:



Para terminar, confesaré la autoría de uno de los relatos que aparecen. Sí, yo lo he perpetrado. Salió de los cajones de mi escritorio para caer en estas buenas manos y acabar en el ruedo virtual. Podéis despellejarme.


lunes, 7 de julio de 2014

Escapadita para degustar Barcelona

No hay como cambiar de aires para que la mente dé, por lo menos, un cuarto de vuelta sobre sí misma y alcance otra perspectiva, aunque sea en pequeño grado. Romper la rutina calma las compulsiones diarias y a veces nos hace mucha falta. No es que una escapada relámpago sea lo óptimo para rebajar los niveles de estrés, pero da un respiro (o un aliento) al pensamiento de piñón fijo, lo cual ya es bastante sano. Después de dos días de quiebro a lo cotidiano se puede volver cansado, con sueño y llorando como un niño que no quiere ir al colegio al día siguiente (el drama de todos los domingos, vaya), a pesar de lo cual ahí queda ese resquicio de sonrisilla placentera que te ha acompañado durante el desahogo. A estas alturas del año, además, es como un aperitivo de las vacaciones por venir.

Este fin de semana he practicado este ejercicio en cuestión con un paseo (rápido y superficial, reconozco) por las calles de Barcelona, aprovechando la circunstancia de un viaje de trabajo de mi paciente costalero. La brevedad no impide el disfrute cuando la disposición es la adecuada y hemos disfrutado, sin duda. Además de las típicas visitas y el callejeo habitual, nos guiaba la idea de relajarnos sin complicaciones, así que abundaron los escaparates y las terracitas tan apropiadas para refrescarse del calor. Un blanco fresquito junto al mercado de Santa Caterina, una clara bien fría frente al de San Antoni, un café frente al puerto… Atmósfera casi vacacional, así da gusto. Y el añadido de una concentración motera de Harley Davidson, dando más color al ambiente.

En líneas generales, una escapadita muy agradecida que nos ha cundido bastante y durante la cual hemos conocido dos restaurantes que nos han gustado mucho. A saber:

Abrassame 
Situado en la última planta del centro comercial y de ocio Arenas, antigua plaza de toros, tiene el turístico atractivo de las vistas. Cenar en la terraza mientras anochece es, cuando menos, vistoso, como lo es la decoración del restaurante. Se come bien, sin grandes alardes experimentales pero con buenos productos y una elaboración muy buena. Después de degustar una versión particular del fish and chips y unos fingers de pollo con guarnición de humus, todo a su convincente manera, nosotros nos quedamos con el postre que compartimos: una mousse de coco sobre carrot cake que estaba para pegar alaridos. Ah, un detalle de los que te dejan buen sabor de boca: el camarero fue simpatiquísimo.





Mine 
Encantador y delicioso resume la impresión final de este pequeño restaurante que estaba cerca del hotel, en Sants. Una carta basada en productos tradicionales y nuevas elaboraciones con un resultado que nos dejó con ganas de volver en cuanto podamos. Decoración con un aire ligeramente afrancesado, sin minimalismos ni estridencias, y de lo más confortable. Atenciones de primera sin sombra de obsequiosidad. Y los platos, de fábula. La tapa de croquetas de pollo tandoori está de miedo, para no perdérsela. Mi pareja pidió un atún estilo tataki (aunque más bien hecho, a él le gusta así) sobre patata panadera y le encantó. Yo probé el canelón crujiente de carne asada, una especie de rollito oriental con relleno clásico, que me dejó bizca. El postre compartido era un pastel de manzana, tipo strudel, con polvo de palomitas… sí, has leído bien, polvo de palomitas. Además de original, muy rico. Ah, y antes de empezar nos invitaron a un detalle de la casa: una copita de mousse de salmón. En conclusión: un lugar estupendo para una cena agradable que merece la pena visitar.





Creo que se nota cuál ha sido mi favorito, ¿verdad?


Os dejo los datos de ambos para que podáis llegar a vuestras propias conclusiones:

Restaurante ABRASSAME
Cúpula del centro comercial Arenas
Gran Vía de les Corts Catalanes, 375-385 (Barcelona)
Tfno.: 934 255 491 – Fax: 932 894 118


MINE, Restaurante y tapas
C/ Béjar, 66 (Barcelona)
Tfno.: 930 016 983



* Las fotos de los restaurantes están obtenidas de la red. Las de los platos del Mine (y ese fondo de camiseta "rollingstoniana"), obviamente, son mías. Dicen que la intención es lo que cuenta, ¿no?

lunes, 7 de abril de 2014

Delirante delicia: El Gran Hotel Budapest

No es recomendable tener puestas demasiadas expectativas en lo que está por venir porque, probablemente, nos defraude. Suena cínico (algo que soy) pero es así. Resulta, sin embargo, demasiado fácil caer en ello. Por ejemplo: cuando uno se dispone a zambullirse en una película que viene precedida de buenos comentarios, esperando alguna clase de maravilla, pero solo recibe un mero pasarratos. Ese era mi miedo ante “El Gran Hotel Budapest”. Por eso me senté en la butaca del cine con un atisbo de inquietud mariposeándome el estómago. Inquietud que, en la primera escena, desapareció fulminantemente.

Esa escena inicial me despertó ya la sonrisa, no humorística sino de placer. Había algo de poético en esa figura femenina, casi atemporal, que entra en el cementerio y se sienta a leer.  Con ese gesto, se abre el primer telón y digo primero porque, después, se van abriendo otros. Igual que en una colección de matrioshkas, van saliendo historias dentro de las historias hasta llegar a la trama principal. Era como ver crecer un árbol que fuera ramificándose, hacia allí y hacia allá, y luego floreciendo en una especie de explosión colorista. Porque, si algo hay en la película, es color: un colorido particular que impregna cada escena de personalidad.

En medio de una escenografía que a veces parece mágica, la brillante dirección artística regala un placer visual tras otro y crea una atmósfera que oscila entre lo gótico y lo onírico. Además, una gozada el vestuario, creación de Milena Canonero, ganadora de tres Oscar por sus diseños para el cine.

¿Lo mejor? Probablemente el elenco de actores, tan exactos en sus papeles todos ellos y además desconcertantes, algunos, en sus prodigiosas caracterizaciones. Tilda Swinton, sin ir más lejos; ojiplática quedé al darme cuenta de que era ella quien había bajo la piel de aquella anciana de aire patético y trasnochado. Harvey Keitel convertido en un presidiario calvo, tatuado y de lo más divertido. Willem Dafoe en el papel de un psicópata asesino, tan creíble que escalofriaba. Un siniestro Adrien Brody que apenas necesitaba hablar; con la mirada parecía decirlo todo…

Me alegra sobremanera haberla visto en versión original: el timbre, las inflexiones y las tonalidades de las voces de los actores son únicos. Ahora no disfrutaré igual de Ralph Fiennes cuando le escuche doblado (aun considerando que el doblaje en España tiene buen nivel). Descubrir su vis cómica ha sido todo un hallazgo que quisiera repetir si es de forma tan elegante como esta. Y, junto a él, llevando a medias el peso de la película, la joven revelación Toni Revolori, cuya expresividad es digna de las comedias de cine mudo.

Al cine mudo parece remitir en varias ocasiones la película, precisamente, por el delirante absurdo de su humor que me hizo recordar a Buster Keaton o Harold Lloyd. O esa estética tan kitsch, ese toque estrafalario que pinta cada escena con matices surrealistas. Porque la película está llena de referentes, guiños y homenajes al cine y la literatura. Algún día volveré a verla para desgranarlos con mayor cuidado, una vez asentado el entusiasmo de la novedad (y sé que la volveré a disfrutar).

Otra pequeña exquisitez: los títulos de crédito finales y su enérgico acompañamiento musical de balalaika. No hay que perdérselos.

¿Lo peor? Quizá, la solidez argumental que falla en algún momento. Según dicen los créditos, el guión está inspirado en escritos de Stefan Zweig; tal vez esa amplitud inspiradora le da esos toques deslavazados. El hilo de la intriga se sostiene con relativa consistencia, pero lo suple con la agilidad del ritmo, con la soltura en las transiciones y ese humor cínico, incluso negro, que lo sobrevuela todo y gana el corazón.

En conclusión: la película brilla con personalidad propia.

Ficha de la película:

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